martes, 11 de enero de 2011

Editorial: sobre La Lealtad

Sobre “LA LEALTAD”. MLColcerniani

En Argentina, tierra de actos heroicos y de grandes traiciones,
la Lealtad tiene resonancias precisas y contradictorias. No pretendemos agotar el tema sino solo puntualizar algunos aspectos de cómo se expresa y cuales evocaciones dispara el término lealtad.

No se trata de “La” Lealtad, conceptual, abstracta, sino más precisamente como se vive, o ha sido vivida –sentida- en un momento histórico. Por eso, recordamos el 17 de Octubre de 1945, cuando el pueblo comenzó el gran romance que atraviesa la Historia Argentina. Aquellas jornadas de gestos grandiosos y heroicos, de grandes personalidades, que desatarían millones de gestos, de lealtades cotidianas, en que el pueblo pone en acto su reivindicación y su gratitud.

Ese primer 17 de octubre de 1945 el pueblo trabajador se hizo protagonista de una gesta en que se parió de pié, y que desde entonces es su marca de nacimiento, hecho de jubilo y dolor. En el Día de la Lealtad Peronista el pueblo celebra su unión indestructible con Perón y Evita y con un proyecto de país que lo constituyó en sujeto dueño de labrarse su propio destino. Esa convicción sorteando eras y obstáculos lo ha transformado en fuerza indómita y temible.

Pero también están los otros, los “contreras”, que como es sabido denostaron aquel aniversario y hasta el nombre que lo encarnó, “Perón”, anteponiendo su lealtad de clase, persistiendo en renunciar a labrar la autonomía de una Patria que, a los más lúcidos de la de oligarquía patricia, tiempo atrás les pesara en su conciencia.

En ese cruce de lealtades encontradas, encontramos traiciones de hombres y mujeres minúsculos, cuya felonía engarza una enorme cadena de miserabilidades mezquinas y cobardes, cuyo potencial de daño no deja de ser cruel ironía ante su insignificancia personal. Enumerar los Cobos, Solanas, Bullrich, Memem, Alberto Fernández de hoy, como a los Astiz, Massera, López Rega o como aquél Sargento Terán, asesinó del Che de ayer, no agota la lista de personajes ingresados a la Historia a partir del breve instante de su traición, apenas una coma en el relato de los pueblos, para luego hundirse en las sombras como verdaderos Judas de pacotilla.

Entonces tenemos que la lealtad, elogiada y declamada de viva voz a la vez que mancillada por unos cuantos en la cobardía de las sombras, es sin embargo honrada por millones de seres anónimos que empeñan diariamente su vida, sosteniendo sus ideales aún a pesar de las pequeñas, humanas, concesiones cotidianas.

Porque, a fin de cuentas, como aquél personaje interpretado por un entrañable Mastroianni comprende, en el ocaso de su vida a través de una copla popular”[1], más allá de los grandes y heroicos gestos, lo que permanece es la enorme valentía de aquellos que resisten, a pesar de todo, tercamente, invencibles.

[1] Viaje al Principio del Mundo, 1996, Film de Manoel de Oliveira, con Marcello Mastroianni. La copla es la de “Pedro Palau”, que sostiene la carga sobre sus hombros sin flaquear, a pesar de los ladridos de “perros negros y perros blancos” que lo hostigan.

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